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miércoles, 4 de mayo de 2011

Fábula de ayer                                                                                       
El leopardo y las monas ( Samaniego)
No a pares, a docenas encontraba
los Monos en Tetuán. cuando cazaba,
un Leopardo. Apenas lo veían.
o los árboles todas se subían,
quedando del contrario tan seguras.
que pudieran decir: «No están maduras”.,
El cazador astuto se hace el muerto
tan vivamente, que parece cierto
Hasta las viejas Monas
alegres con el caso y juguetonas
empiezan o saltar: la más osada
baja, arrímase al muerto de callada;
mira, huele y aun tiento.
y grito muy contento:
«iLlegad. que muerto está de todo punto;
Tanto que empieza a oler el tal difunto!”

Bajan todas con bulla y algazara;
ya le tocan la cara
yo le saltan encima;
aquélla se le arrima
otra se finge muerto y lo remedo.

Mos luego que las siente fatigadas
de correr. de saltar y hacer monadas,
levántase ligero
y más que nunca fiero,
pilla mata y devora: de manera
que parecía le sangrienta fiera
cubriendo con los muertos la compaña,
al Cid matando moros en Espelta.

Es el peor enemigo el que aparenta
no poder causar daño, inspirando confianza
 



Fábula de hoy 


por Ana Alejandre                                                                                                                                                  

La extraña, muy extraña noticia de la muerte de Bin Laden que ha confirmado el presidente Obama y repetido hasta la saciedad todos los medios de comunicación mundiales, llena de estupor por las circunstancias que rodean al hecho y la falta de evidencias gráficas del suceso, a pesar de ser una misión preparada concienzudamente durante cuatro años hasta localizar la situación exacta del escondite de Bin Laden, que en este caso era una residencia-búnker en una zona próxima a Islamab, capital de Pakistán, y a una Escuela Militar  paquistaní.

El hecho de que arrojaran el cadáver al mar, según afirma el Presidente de los EE.UU, llena aún más de extrañeza el caso, porque afirman que Arabia Saudí se negó a aceptar la entrega del cadáver, alegando que no querían que su tumba se convirtiera en un santuario yihadista, a pesar de que contradice las normas de la escuela islámica wahabita, a la que Bin Laden pertenecía, porque ésta prohíbe tajantemente el culto a los muertos para impedir que se conviertan en falsos ídolos. Por eso, no se incluyen los nombres  grabados de los reyes muertos saudís en sus tumbas.

Por otra parte, afirman con rotundidad que la identidad corresponde al líder terrorista, porque tienen la evidencia de la similitud de su ADN con el que tenían de una hermana de Bin Laden fallecida en EE:UU, por muerte natural. Pero admitiendo dicha identidad del muerto, ¿por qué no muestran las pruebas gráficas del hecho, si afirman con rotundidad que ha sucedido, cómo se hace con otros casos similares de terroristas, revolucionarios o delincuentes, abatidos por las fuerzas de seguridad, siendo este personaje un peligroso y buscado terrorista?

Por otra parte, Occidente está ahora en un mayor peligro por la posibilidad evidente de nuevos ataques terroristas en represalia, según advierte la Interpol, que pueden ser aún de mayor crueldad y víctimas que los anteriores, teniendo en cuenta la catadura de su lugarteniente, Al Zawahiri, más sanguinario si cabe que su antecesor, a pesar de que se abrirá, evidentemente, una lucha por el poder entre sus seguidores, pese a que en el asalto a la residencia del líder terrorista murió su hijo, pero cuenta con muchos miles de seguidores en todo el mundo.

Esta noticia recuerda a la fábula de Samaniego que ilustra este comentario, pues cuando se creían las monas ya a salvo del peligro que representaba el supuesto leopardo muerto, éste resucitó de pronto más fiero aún si cabe y devoró a muchas de las monas que se alegraban y regocijaban de su muerte.

El leopardo, en forma de amenaza terrorista, está ahora más vivo que nunca y ofrece un mayor peligro para el mundo occidental que no debe festejar demasiado la muerte de Bin Laden, cuando hay agazapados otros muchos y más fieros esperando tomar revancha y asestar golpes a quienes, por creerse a salvo, están más expuestos que nunca a la furia asesina de una fiera en forma de terrorismo islámico que tiene demasiados y largos tentáculos que será muy difícil poder cortar todos ellos antes de que llegue a devorar más presas inocentes.

A pesar de la evidente buena noticia, sobre todo para el presidente de los EE.UU. que cobrará con este hecho muchos puntos que le auparan en su caída de popularidad, no se debe confundir el hecho eufórico de victoria estadounidense contra el enemigo que le asestó el mayor golpe de su historia, con una noticia  que más que gozosa, es preocupante, y mucho, para todos los países occidentales y para el propio país que ha llevado a cabo su venganza, porque ahora estará más aún en el punto de mira del fanatismo islámico.


Ahora es momento de que, siguiendo la fábula de Samaniego, las monas se vuelvan a la copa de los árboles, poniéndose a resguardo del enorme peligro que representa el supuesto leopardo muerto, porque es evidente que resucitará de súbito, multiplicado por miles, y asestará sus más crueles y duros zarpazos a las presas más confiadas e indefensas.